Hernán Abusto, un señor que con su guitarra disponía aquél día de una dulce melodía, un bolero que resonaban sus cuerdas tocando con agilidad. Era el 7 de marzo del 2019. Cruzaba por el parque de la presentación. Alrededor de ese parque, en el sobre el andén había unas mujeres vendiendo flores, ya que el día siguiente se cumplía una celebración especial que se busca representar en gran parte entregando unas flores, rosas preferiblemente. Observaba como ese rojo teñía sonrisas, el rojo de las rosas, cuando lo vi a él. Se encontraba tranquilamente tocando y observando a las personas que se dirigían a comprar flores; como si eso lo motivará a tocar con mayor pasión para crear una atmósfera de añoranza.
Pensé en seguir y guardar esa figura para mí, pero luego de dar unos cuantos pasos que me alejaron de él, me detuve y di media vuelta. Le pedí que me dejará fotografiarlo; debí hablarle algo fuerte para que me escuchará, mi voz no tenía la misma fuerza que sus boleros favoritos. Claro, luego el acogió una posición con su guitarra, una pose. En las primeras fotos que saqué de él miraba hacía mi teléfono, entonces esperé que se cansara un poco de esa forma de sentarse, esa forma de sostener la mirada, y aproveché justamente el momento en el que observó algo a la lejanía, algo que se me escapaba a mí, ya que estaba inmerso en lo que debía captar sobre él. Así que esa mirada hacia otro lado fue lo que le dio naturalidad a su semblante. Capté a un hombre que con su melodía endulzaba aquella tarde de Marzo en esa pequeña parte de Pitalito. Luego me alejé, logré apreciar ya a unos cuantos metros como esa figura, retomaba esas cuerdas que por mucho tiempo habrán causado una que otra herida en sus dedos al recorrerlas, y tocó…

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